jueves, 14 de febrero de 2013

Mi infancia

Cuando yo era pequeña vivíamos en una casa que tenían mis abuelos maternos en Xochimilco, ya que mis padres al casarse decidieron irse a vivir a Tijuana. Pero justo antes de que yo naciera ellos prefirieron regresar, bajo el pretexto de que no les había gustado el ambiente para quedarse allá; entonces aquí en el D.F. No tenían nada...
El tiempo que vivimos en esa casa, seis años aproximadamente, yo los puedo contar como la parte más bella de lo que llevamos de vida familiar. A mi corta visión a esa edad, teníamos todo lo que necesitábamos y muchas ocasiones que recuerdo que hasta más. Mi madre, siendo puericultista, tenía un jardín de niños dentro de la misma casa; por lo que yo, a pesar de ser hija única, siempre me encontraba rodeada de niños que normalmente eran más grandes, pero eso nunca resultaba un impedimento para las travesuras, ni para los buenos juegos. Pero eso ya será historia para otra entrada.
Recuerdo que como familia estábamos bastante unidos, mis padres trabajaban cada uno en sus labores, pero siempre estaban dispuestos a ayudarse el uno al otro; no obstante, los fines de semana de ley era estar juntos, salíamos al parque a darle de comer a los patos o a ver a las vacas (nótese que Xochimilco era bastante rural en ese entonces, me siento tan vieja...), hacíamos cosas que parecen realmente sencillas, empero siempre resultaban bastante divertidas al menos para mi.
Lo contrastante y el punto al que pretendo llegar es que mi visión tan inocente e ingenua a los 4 o 5 años, me hace recordar esa época como la mejor que he vivido, la más feliz, la más bella... La realidad llega cuando platico con mis padres acerca de tema, que por cierto ahora están separados, resulta que ha sido de las etapas más difíciles y complicadas a las que ellos se han enfrentado y que si pudieran cambiarían algunas de sus decisiones para que la vida hubiera sido mejor en ese momento. No sé si en aquel entonces lograron engañarme u ocultar todo lo que pasaba y lo que ellos sufrían, o fue realmente una cuestión de inocencia e ingenuidad, no lo sé; pero prefiero quedarme con mi bella versión de los hechos, en la que esos cinco, casi seis, años de mi vida fueron muy felices y que aseguro los repetiría tal cual.

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