Todo el mundo tiene derecho a creer en lo que quiera y como quiera hacerlo. Sin embargo, el problema es cuando estas personas llegan al fanatismo y no conforme con ello se empañan en convertirnos a su religión o a sus creencia; se justifican diciendo que los que no tenemos la misma perspectiva que ellos estamos mal y no que no conocemos el verdadero camino.
En realidad se me hace absurdo que tengan este tipo de acciones. El problema es cuando uno les da la oportunidad de platicar y debatir acerca de las creencias, así como de las diferencias entre lo que ellos piensan y lo que los demás pensamos, se vuelven los más cerrados, necios y obstinados del mundo. Porque no tienen argumentos que sustenten lo que dicen, por eso se comportan de esa manera. Lo que no entienden es que en realidad ellos no saben de lo que hablan (muchas veces, no siempre) y por esa razón es que pierden credibilidad. El punto es que debemos respetar las creencias de los demás, sin tratar de imponer la nuestra.
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