Se pusieron de acuerdo para verse para que Él le ayudará a Ella. Se estuvieron viendo constantemente, por lo que Ella se dio cuenta que, aunque Él el tenía un aspecto físico feo, Él era una buena compañía. Él tenía muchos temas de conversación, era divertido, Ella la pasaba muy bien con Él y pensaba que era lindo. Por esto es que cuando al fin Él se animó a invitarla a salir formalmente, Ella no pensó en la negativa de su padre ante el permiso, no pensó en que su madre pondría como impedimento la diferencia de edad, no pensó en que era el mejor amigo de su hermana, solo pensó en lo divertido que debería ser estar con Él sin el hecho de estar tratando de estudiar o de tener que concentrarse en un estúpida ecuación algebraica.
Él sabía que Ella era muy joven, que tal vez ella pensaría que lo que a Él le gustaba era aburrido para Ella, pero cada vez que veía esa gran sonrisa con la que lo recibía, Él olvidaba todos sus prejuicios y sus ideas y solo se dejaba llevar por la calidez que esa bella sonrisa le inspiraba. De hecho ese bello gesto fue lo que le dio el valor de invitarla a salir. No le pedía mucho, ni tampoco le podía ofrecer tanto como Él hubiera querido, pero el helado que le ofrecía era de las cosas más sinceras que Ella jamás hubiera recibido. Ese insignificante helado, que comerían en el parque de la vuelta sería la cosa más bella que podrían comer aquella tarde; eso a Él le daba una esperanza y entonces olvidaba todos sus miedo y sus inseguridades que la posible relación podría hacerle sentir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario