Diego y Claudia crecieron juntos y como buenos hermanos jugaron, se pelearon, se golpearon, lloraron y se perdonaron. Esa fue en resumidas cuentas su niñez. Cuando crecieron ella estudio para ser diseñadora gráfica y el para ser medico cirujano; se fueron a vivir juntos a la gran ciudad para tener ambos la oportunidad de realizar sus sueños de vida.
Ambos seguían el camino de sus vidas y consideraban ser felices. Sin embargo, todo cambio cuando paseaban por el parque y mientras jugaban con su perro conocieron a María. María era una chica extraordinaria en todo sentido; era bonita, inteligente, divertida, espontánea, extrovertida, etc. Al momento de conocerse decidieron que debían salir a un bar para conocerse más. En el instante en el que Claudia vio a María sintió algo diferente, sintió que tenía que estar con ella en todo momento.
Salieron a dar una vuelta los tres y la pasaron muy bien, pero al momento de la despedida, cuando iban camino a casa de Claudia y Diego, él obligo a Claudia a quedarse en casa bajo pretexto de una reunión sumamente importante que ella tenía al día siguiente, para que él pudiera quedarse solo con María.
A la mañana siguiente cuando Diego regresó por la mañana, llegó con la gran noticia de que él y María habían decidido casarse. Claudia tomó la noticia de la peor manera y aconsejada por la terapeuta, decidió salir con todos los hombres con los que pudiera, considerando que era una chica atractiva e inteligente no le costó trabajo conseguir varias citas para la misma noche.
Durante las citas se dio cuenta que en ninguna de ellas se sentía cómoda, que ninguno de los chicos realmente le llamaban la atención y que no podía dejar de pensar en María...
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