El jueves de esta semana se festejaron 10 años de la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, por ello realizaron una reunión en la sala iberoamericana del edificio principal de la SEP. Como es costumbre los organizadores del evento entraron en crisis por falta de personas en la sala y mandaron llamar al personal de la SEP para rellenar los huecos; pero al contrario de lo que sucedió en el evento de la Reforma, esta vez cuando llegamos ya estaba llena la sala y nuestra presencia ya no era tan necesaria, por lo que llegamos y nos tocó estar paradas.
Lejos de la queja que esto es, prefiero hacer una crítica al evento en sí. Ya sabemos que el papel de los indígenas siempre es menos preciado a nivel social y gubernamental; sin embargo debemos de dimensionar las magnitudes de este problema cuando es 2013 y apenas se consideró la traducción de la Carta Magna a lenguas indígenas. Podemos "estar al nivel de países de primer mundo", como Salinas de Gortari nos hizo creer 1994 con el TLC, pero en realidad estamos tan atrasados en cuestiones tan básicas y necesarias como es el acceso a la Constitución. Esto no es de extrañar, no obstante siempre la reflexión de estos hechos me hace pensar en lo ciegos que somos respecto a la riqueza de nuestro país y no solo considerandolo en términos de turismo (capitalismo), sino en lo que realidad es contar con 68 lenguas indígenas que se hablan en nuestra población y no saber que hacer con esta población; por otro lado, ser tan pobres en relación a lo que involucra nuestra cultura, tartando de imitar a los otros países.
Indígena* en el título, pero cuando me dí cuenta era después de las doce y no quiero que dejen de contar mi entrada por actualizar el título.
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